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Cruise Ship by Tabanoffi

       Hoy toca contar una historia

     Un matrimonio que ronda los setenta y cinco años celebra sus bodas de oro. Con inmejorable entusiasmo, todo sea dicho, que no es fácil celebrar algo así en tiempos de obsolescencia programada.

     Como regalo de aniversario deciden irse de crucero por el Mediterráneo: Nápoles, Florencia, Roma, Niza… Un barco espectacular, con todas las comodidades habidas y por haber a pesar de ser de una categoría intermedia. No de gama alta, digamos, y a un precio asequible para dos jubilados con ganas de una experiencia única e inolvidable: sauna, discoteca, gimnasio, piscina, casino… Vacaciones en el mar.

     Parten un sábado por la tarde de Barcelona dirección Nápoles. Hay temporal, bastante, pero nada arriesgado, por lo que continúan la travesía sin mayores inconvenientes. Pero al marido no le sientan bien los ajetreos. Comienza a vomitar y no para. Una vez tras otra.

     Cuando llegan a la costa del sur de Italia, ya en domingo, tienen que trasladarlo a un hospital y le inyectan suero, porque se encuentra muy debilitado. Observa el equipo médico que en los vómitos hay bastante sangre, y tras varias pruebas deciden hacerle una transfusión sanguínea y, finalmente, el lunes de madrugada, es intervenido por desgarro de esófago. Parece ser que producido por las propias arcadas.

     La suerte es que el matrimonio ha contratado un seguro. La compañía contrata a un intérprete, que acompaña a la mujer a lo largo de todo el día, le paga todas las comidas y le busca un hotel hasta que puedan marcharse de alta. Le devolverán el importe del crucero y en el momento oportuno tramitarán los billetes para el regreso a España.

     Cierto que el asunto se va complicando un poco por días. Desde el lunes, los médicos sólo dicen que el alta será “domani”. Pero el “domani” nunca llega. Bien porque han de esperar a ver cómo reacciona a la comida bien porque deben analizar las heces antes de darle el alta definitiva. Y mientras, como al marido lo han ingresado en una UCI, a ella sólo la dejan pasar a verlo una hora diaria: de una a dos del mediodía.

      Ha pasado una semana, y todavía están en Nápoles. De alta médica, pero no para poder viajar hasta que le realicen más pruebas.

     La historia no es inventada, aunque puede parecer un filme de Fellini, y sus protagonistas son mis padres.

      Ni qué decir tiene la semanita de preocupación, con mi madre de taitantos años sola por Nápoles, sin poder entrar en el hospital y creyendo cada día que al siguiente le daban el alta a mi padre. Lo normal es que cualquier persona de bien las pase canutas ante tamaña circunstancia. El caso es que ojalá fuéramos capaces de tener siquiera mitad de cuarto de empatía y de dolor subjetivo con todas las personas refugiadas que lo que sentimos de angustia por aquellas que amamos. Será que tenemos que amar más. En eso pensaba durante la semana.

      Mis padres se fueron de viaje de placer, sin abandonar para siempre hogar y patria. De hecho, para vergüenza de propios y extraños, irse de crucero de lujo sale más económico que comprar la plaza en una patera. Y en una patera, bastante menos cómoda y estable que un crucero de lujo, no hay un seguro que te costee un intérprete cuando llegues al país (si es que llegas), ni un médico o un hospital en el que no tengas que preocuparte por los gastos (para eso están los de la Cruz Roja), o ponga a tu disposición una habitación de hotel (mejor los CIES o los campos de refugiados), o… Lo que se parece mucho es que también va a haber alguien que te pague el viaje de vuelta a tu país.

      Si nos doliera todo tanto como nos duelen los nuestros, si fuéramos con todos tan egoístas y subjetivos, si amáramos a todo el planeta como a la propia familia… Si fuera así no serían necesarias entradas como ésta, la que tocaba hoy.

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Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.
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5 respuestas a Subjetividades

  1. Espero que todo esté bien. Te doy toda la razón. Hacen falta estas pastillas para el dolor ajeno que tenían los de médicos sin fronteras

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  2. Galip dijo:

    Intento compartirlo en Diaspora pero me sale un blog y link totalmente distintos 😦

    Le gusta a 1 persona

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