Ternura

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Military Baby by mrsbananaboat

    Paco tiene cerca de setenta y cinco años. Era militar. A comandante llegó. No me caen bien los militares, todo sea dicho. No creo yo que pueda construirse un mundo más justo y más solidario a base de tiros y de invadir países, por más que quieran vendernos el asunto como ayuda humanitaria y de defensa de la democracia. Cada vez que veo a un tipo vestido de uniforme, con el casco, el fusil G36 colgado del hombro y un par de granadas en la cintura lo primero que se me viene a la mente es la humanidad y la democracia.

     Paco me cae bien. Desde que llegó a la residencia de mayores tras su paso por el hospital, aquejado de un ictus que apenas le dejaba moverse y que le había provocado, según decían los expertos, una especie de demencia vascular. Mirada cristalina, silla de ruedas y apenas podía comunicarse. Te miraba, se sonreía. Poco más.

     Lo pusimos en la habitación con otro recién llegado, Pascual, con demencia senil y cuya única preocupación durante sus primeros tres días en el centro era escaparse para irse a su casa y darle de tortas a quien tratara de impedírselo. Al poco tiempo se adaptó, hasta mostraba una sonrisa pícara cuando charlabas con él o cuando le tocaba el trasero a alguna de las auxiliares mientras le bañaba. En cierta medida da igual que ahora fuera más feliz, porque se debía en parte a que no aspiraba a ser libre.

     Ambos se tiraron un par de semanas levantándose a todas horas, interrumpiéndose mutuamente el descanso nocturno, orinándose por las esquinas de la habitación, bien porque no llegaban al baño bien porque pensaban que ese era el baño. Igual da. En varias ocasiones, cuando las auxiliares pasaban a hacer la ronda de noche por las habitaciones se encontraban a Paco tumbado en la cama de su compañero. A su ladito. Por despiste, decíamos.

     Pero el caso es que Paco está la mar de bien. Se confundieron los expertos. Come de manera autónoma, camina perfectamente con un bastón y se comunica sin ningún problema, de manera normalizada. Incluso el viernes pasado decidió no acompañarnos a una actividad en el colegio de enfrente por el día del mayor porque, tan consciente ya de su situación, se veía como un inútil y prefería encontrarse un poco mejor antes de ponerse delante de los niños.

     Sin embargo, Paco continuaba acostándose de vez en cuando en la cama de Pascual quien, en lugar de ir a mejor, ha sufrido diversas complicaciones respiratorias en este invierno asesino que le impedían dormir con normalidad. Le preguntamos a Paco, el por qué del asunto. Si era consciente y esas cosas que pensamos sin ver otras opciones, quizá algo más absurdas por ser más humanas.

     – Es que en mitad de la noche se pone a temblar y quiere que se le tape –nos respondió Paco con tranquilidad –. Me levanto para ponerle la colcha y me acuesto con él para que no pase frío.

     Me caen mal los militares, pero lo que se aprende a veces de los individuos que forman los cuerpos. A no juzgar globalmente, por ejemplo, ni a dar por hecho que la opción más humana es impensable.

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Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.
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