Epifanía

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The Epiphany by drkshp

     La monarquía está de capa caída. Y la magia para qué hablar. Suena hasta a chiste malo hablar de Reyes Magos, pero ahí seguimos, año a año, religiosamente, como si no estuviéramos el resto del año maldiciendo a la monarquía y a la homeopatía.

    Pero es que es bonito celebrar el Día de los Reyes, y la ilusión de los seres más diminutos de la casa. Cada 6 de enero. Y da hasta lástima que se enteren de que Los Reyes Magos son los padres y las madres, que no son ni reyes ni magos ni tienen tanto dinero como creemos de chicos que tienen. O una fábrica inmensa vete tú a saber dónde. Mi sobrino se ha enterado este año, cuando ha cumplido ya 10. Hilando de unas cosas y de otras.

     Y es que resulta magnífico y consolador seguir creyendo en los Reyes Magos, o hacer cada año como si existiesen y se celebrase el 6 de enero. Religiosamente. Es mucho más encantador que creer y celebrar lo que quiere significar este día del año: la epifanía. Y debería de darnos igual ser más o menos creyentes o ir a misa los domingos para entender lo que simboliza en realidad todo este trasiego de reyes para aquí y para allá, del mismo modo que a muchas personas les da igual a la hora de seguir repartiéndose regalos en ese día.

     Epifanía es una palabra griega que significa manifestación. Y no, no es pertinente dedicarnos aquí a debatir si Dios se quiso hacer presente o no a partir de ese día a la humanidad en la persona de Jesús de Nazaret, pero lo que está bastante claro es que la manifestación de Dios, se crea o no, significa un cambio de mentalidad, de modelo de sociedad y de relaciones, de situaciones injustas. Todo el año.

     Lo que pasa es que eso es bastante más puñetero que lo de seguir celebrando los Reyes Magos, aunque la monarquía y la magia estén de capa caída. Total, es un día al año, y lo jorobado es tener que pasarte los otros 364 de epifanía tratando de reparar injusticias, luchar por lo que consideres justo y renunciar a determinadas asunciones socio-culturales que lo mismo apetecen, pero no ayudan mucho a que el mundo sea un poquito mejor. Antes al contrario. Y a seguir en la brecha, pasando de generación en generación que los Reyes existen, pero no decir nada de la epifanía, no vaya a salirte el hijo rebelde. Siempre es mejor un hijo tonto.

     Pues eso, que feliz día de Reyes, ¿para qué vamos a darle más vueltas? Que esto no hay quien lo cambie y, al menos, cada año siempre nos quedará ese 6 de enero de gloria.

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Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.
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2 respuestas a Epifanía

  1. Para mi no fue duro saber que eran los padres. Para mi lo duro fue que ese mundo de los padres, el mundo de los mayores no era mágico ni con esos misterios enormes de los que serás poseedor cuando seas mayor. Duro fue ver que cuanto más crecía más infantiles eras los que eran mayores que yo. Infantiles pero con muy mala idea. Eso fue lo duro.

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