Silbar

     Dentro de su obra magna “Ivanhoe”, ponía Sir Walter Scott en boca de El Caballero Negro una frase inolvidable que nadie debería despreciar: “el que obra bien teniendo medios ilimitados para obrar mal, merece más, no sólo por el bien que hace sino por el mal que evita”. Aunque tan firme aseveración fue escrita en un contexto bien distinto en el que, de parte a parte, conviven reyes y plebeyos, resulta obvio que es a todo lector a quien quiere dirigirse el autor con sus palabras. No hace falta ser rey ni reina, ni príncipe ni princesa, ni Amon Göth para tener -casi ante cada situación- medios ilimitados para actuar como un héroe o como un villano.

    Podríamos suponer para nuestro falso desahogo que ese medio ilimitado es la autoridad como poder del estado, o acogernos a la legalidad… esas cosas que supuestamente son responsabilidad de otros más fuertes y ante las que soy un pobre infeliz que bastante tiene con ni matar, ni robar, ni desear la mujer del prójimo, pero también se puede dar por hecho sin extrema dificultad que el medio ilimitado al que hacemos referencia es la propia conciencia, sometida en infinidad de ocasiones por el temor y la evitación de problemas, que son los únicos dos factores que pueden abrazarse como excusa, que no motivo.

     

    Si observo un acto inmoral (y los vemos a diario a nuestro alrededor en el trabajo, en la calle, en el bar de la esquina, sin tener que darse un garbeo por las fronteras de Turquía) hay dos opciones ilimitadas: intervenir y ponerse de parte de alguien o pasar del tema, que ellos sabrán, lo que, en el fondo, también es ponerse de parte de otro alguien, y no está exento de consecuencias. La neutralidad es la virtud de los pusilánimes. Lo decían Gandhi y Luther King con mejores palabras que yo, cada uno a su estilo: “lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena”, o “no me preocupa tanto la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena”.

 

    Quien silba ante el injusto, está de su parte.

Pasar de largo

Silbar, por Rafa Poverello

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Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.
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2 respuestas a Silbar

  1. Tremenda verdad, asusta hasta el muñeco dibujando en la pared. Voluntaria o involuntariamente demuestra que la cabeza está perdida, desencajada para hacer ese movimiento. Vamos que ha perdido la cabeza

    Hay otra frase que viene muy bien a esto pero que no la voy a decir no sea que se molesten y yo paso, sabes que hay que pasar. Sabes que si sabes pasar, si eres inteligente, sabes pasar, dorar la píldora convenientemente y hablas mal pero acertadamente, que no te mojas ni tirándote a una piscina, llegas lejos. Además los cadáveres que dejas a tu paso te dan las gracias ya que no fuiste tu y sí los otros.

    Se tu mismo y los enemigos no te faltarán. Yo los tengo.

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