“Del 69”

2656507127965    No hay nada tan reconfortante para el común de los mortales como el hecho de que un colectivo, una sociedad, una nación cometa la más atroz de las tropelías. Lo de menos es que uno mismo forme parte del grupo en cuestión, pues la responsabilidad personal dentro de una decisión global se diluye igual que un azucarillo en una taza de café hirviendo.

    La maldad de otros tiene un efecto impermeabilizante que ya quisiera para sí cualquier bota de montaña. Se encuentra uno tan ocupado protestando, lanzando sapos y culebras, indignándose con el comportamiento ajeno que no le queda tiempo para darle pábulo a la propia grosería y es sencillo pasar de puntillas sobre las tropelías e insolidaridades individuales. Pero el caso es que cada ser humano es injusto en la medida de sus posibilidades, y que la UE se haya comportado como la peor madrastra posible no justifica que en nuestra vida cotidiana, en nuestra historia personal no luchemos por el derecho de toda persona a buscar una vida mejor. Y no hablo sólo de los refugiados, ni de los países empobrecidos… sino de mi vecino del quinto, de los ciudadanos considerados de segunda y que malviven en barrios en situación de exclusión o a la vera del camino.

    Cambiar la historia a beneficio de todos no depende de los poderosos; no son ellos precisamente quienes lo han intentado siquiera una vez. Lo han hecho personas que no pasaron de puntillas, que observaron los acontecimientos con rigor y a las que les importó más el futuro que el hecho de recoger frutos inmediatos.

    Que nadie se atreva a vivir en paz mientras la paz sólo sea propiedad de unos pocos.

    El vídeo de la canción corresponde al acto de presentación del libro “Con patente de corso” de mi amiga, la escritora Mercedes Gallego. Para escuchar el tema en estudio puedes pinchar aquí.

 

DEL 69

Llegó el hombre a la luna y yo en este planeta caí.

Trasgredió la cordura, decidimos mudarnos allí.

No perdí la inocencia cuando los sin-conciencia

Mataron a Allende en mi mundo feliz.

Y vinieron amores, mi biorritmo empezó en preescolar.

No recuerdo su nombre, sí sus ojos de un verde de mar.

En el 75, no sé qué de un caudillo

Mi madre a reír y mi abuelo a llorar…

Y yo sin clases y feliz, sin miedo al temporal;

Ausente de lo que dando gracias hoy en día no me quiero ausentar.

Más noticias de muerte, un millón inocente en Vietnam;

Pero el tiempo no aprende, se repite la historia en Irak.

Mi primer cero en mates, prefería el lenguaje,

Siempre se me ha dado mejor protestar.

Confesé mis pecados, nada dije de la transición.

A finales de año, comulgamos con constitución;

Casi dura lo justo, el tricornio del susto

retuvo al país frente al televisor…

Y yo sin clases y feliz…

Y después Naranjito, Arconada y Juanito,

A mi padre el disgusto le dura hasta hoy.

Y ya con clases y feliz, con miedo al temporal,

Presente…

Y en BUP era feliz, sin miedo a la verdad,

Presente en lo que dando gracias hoy en día no me vuelvo a ausentar.

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Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.
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