“El árbol de la vida” (2011)

Terrence Malick 2011, by watercoloralcaffe

Terrence Malick 2011, by watercoloralcaffe

Disfruté como un niño chico; como cuando tras años de infancia vuelves a montar en la noria y descubres de repente ese hormigueo en el estómago que ya habías olvidado y ni recordabas que existía.

Cuando ya había casi perdido definitivamente la esperanza en el actual (y no tanto) cine made in USA, aparece Malick, una vez más -como ya hiciera desde su inicial y rompedora “Malas tierras” o su original visión sobre la destrucción vital que ocasiona la guerra en “La delgada línea roja”-, salvando los muebles, porque “El árbol de la Vida”, visualmente es perfecta, poderosa, un contrapunto al arte perdido y por fin de nuevo hallado, ese arte en el que “casi” nada es superfluo aunque parezca tan claro que divague.

Según el relato del Génesis, el árbol de la vida simboliza la vida eterna y, de algún modo, es el alterego del árbol de la ciencia del bien y del mal del que decidieron comer Adán y Eva siendo por ello expulsados del paraíso. Malick habla en el film a manos llenas del pecado, del mal, de la fe… de lo divino (espíritu) como extraña contrapartida a la natura (¿carne?), algo que no del todo comparto y que tal vez tampoco lo haga a pie juntillas el propio director con esa escena casi final tan aparentemente simple como la de los girasoles, parte evidente de la naturaleza, de tan habitual y generosa presencia en la obra de Malick pero que, de alguna manera, dirigen su rostro casi involuntariamente a un sol que está siempre por encima de ellos mismos. El agua, claro signo de purificación y conversión, es una constante presencia escena sí escena no, porque, en gran medida, de la purificación trata “El Árbol de la Vida”, de lo que hacemos y no desearíamos hacer, de una creación que nos supera por lo poco que somos, pero que nos otorga la oportunidad de ser y dar vida.

No soy de los que piensa que Malick sea un director pagado de sí mismo, aunque reconozco que en algunos momentos de la película se le va la pinza, aunque no tanta como en su posterior “To the Wonder”, y la hace víctima de sus propios excesos, como en su momento lo hicieron Bergman o Tarkovsky -de manera más fina, eso sí-, o mucho más recientemente Reygadas con su “Luz Silenciosa” o Haneke en “La Cinta Blanca” -cintas con las que mucho comparte ésta que nos ocupa-, pero hasta la saciedad repetiré, hasta que me duela la boca, que disfrutar de nuevo con el hormigueo del estómago merece la pena una subida en la noria por mucho que maree.

Eso sí, el consuelo que no se ha de buscar en Reygadas o Haneke y aún menos en los geniales Bergman y Tarkovsky, pues no es lo que pretenden, ha de hallarse aquí -digamos que, afortunadamente-, en la maravillosa figura de Jessica Chastain, que otorga cordura con su ausencia programada, con sus cuatro frases buen dichas… Con su fe, su purificación, su credo.

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Acerca de Rafa Poverello

Más allá de la falsedad del nombre, pues no soy pobre ni aunque quisiera en virtud del bagaje socio-cultural del que me es imposible escabullirme, mi espíritu anda de su lado, no porque sean buenos, sino porque se les trata injustamente.
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3 respuestas a “El árbol de la vida” (2011)

  1. A mí también me gustó mucho. Y ya que lo menciona usted, a Haneke no le soporto. Me tocó la moral que anoche en los Goya ganara “Amour” en vez de la mucho más intensa “La vida de Adèle” o la mucho más elegante “La gran belleza”.

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  2. Poverello dijo:

    Pues a mí Haneke aún no me ha decepcionado, aunque por momentos pueda resultar excesivo, como Sorrentino mismamente en la nombrada “La gran belleza”, que sin duda es excelente, y muy Fellinniana (otro excesivo, para que nos vamos a engañar, pero intenso y un maestro). Filmes del director austríaco como “La pianista”, la primera y original “Funny Games”, la rarísima “Caché” y por supuesto “Amor”, me parecen una vuelta de tuerca al séptimo arte, del que no es fácil inventar nada.Si yo hubiera sido jurado no sé con cuál me hubiera quedado. Las tres me parecen de notable alto.

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